Ya es Semana Santa. Una fecha señalada en el calendario de
la Fe Católica con piedra blanca, como decían los romanos.
Lejos del boato y del relumbrón de las procesiones del sur
de España y de la sobriedad sobrecogedora de las celebradas en Castilla,
nuestra ciudad se dispone a conmemorar la pasión de Cristo una vez más.
Las cofradías locales, como cada año, preparan con fervor la
salida de la imaginería local, de las principales tallas religiosas veneradas
en las parroquias ribereñas.
Esta Semana Santa, será especial debido al cambio de Papa,
un Santo Padre de habla española, un cardenal argentino llamado Jorge Bergoglio
acogido con esperanza e ilusión por los millones de fieles que estos días
tenían puestas sus miradas en el balcón de la Santa Sede del Vaticano.
Como ha manifestado el Papa Francisco, nombre elegido en
honor a San Francisco de Asís, que tanto hizo por los pobres, la Iglesia
Universal debe estar al servicio de los que menos tienen, de la gente más
necesitada.
Esto es un hecho. Sirva esta editorial para rendir homenaje
a las instituciones benéficas instaladas en Aranjuez desde hace largo tiempo,
instituciones regentadas por religiosas humildes y caritativas ayudadas por
esforzados voluntarios que conocen de primera mano los efectos devastadores de
la crisis económica que nos azota como nación.
Es por esas personas, que viven la Pasión de Semana Santa a
diario debido a sus problemas financieros, por los que sufren la lacra del
paro, por los que desesperan ante la amenaza de quedarse sin hogar para sus
hijos y familiares, etc. por los que el
nuevo Papa Francisco (y junto a él todos los fieles de la Iglesia) debe rezar
la próxima semana.
La procesión, como dice el refrán, se lleva por dentro y una
ayuda divina no vendría mal para aquellos españoles que han visto como su
futuro se ha desvanecido como una pompa de jabón en el aire debido al contexto
socioeconómico a nivel mundial y por qué no decirlo, situación encrudecida por
culpa de las políticas erráticas de la legislatura anterior del señor Zapatero.
España, durante unos días, se volverá a llenar otra vez de penitentes, de nazarenos y
de capuchones, pero lamentablemente, las otras procesiones, la de la cola del
INEM, la de los comedores sociales o la de personas desesperadas por no tener
nada, seguirán después de apagados los cirios y guardadas las imágenes
religiosas para el año que viene.
Sirva al menos la Fe y la religión como refugio y pilar
fundamental de nuestras vidas.
Vivamos la Semana Santa, como tradicionalmente ha sucedido
en Aranjuez y por ende en España, con recogimiento y con la oraciones puesta en
los que más lo necesitan.



