jueves, 11 de diciembre de 2008

Confesiones y creencias

Yo, Viriato, me confieso culpable de todos mis actos, palabras y pensamientos.
Yo, trabajando cada día, siendo un simple obrero me acuso de no votar al PSOE ni de ser de izquierdas.
El dinero que gano es gracias a mi esfuerzo y a mi dedicación, no sueño con vivir del Estado ni de subvenciones, ni mucho menos del cuento. Jamás he necesitado ayuda de los sindicalistas ni comprendo demasiado bien porque existen liberados sindicales, solo los he visto en la televisión acosando al consejero Güemes y pegando voces en las manifestaciones.
Confieso que no creo en Zapatero, que su sonrisa no me cautiva, que prefiero a los políticos que demuestran con hechos su potencial en vez de con publicidad institucional engañosa.
Tampoco veo cine español subvencionado, me parece una patraña en su mayoría, pero como a los directores les sale gratis su obra, por lo visto no se esfuerzan demasiado.
Rechazo el canon digital, creo que está muy feo que se haga pagar al ciudadano una multa por si acaso comete el delito de piratear la obra intelectual de los artistas zapateriles. Me confieso culpable de no creer ni en Bautista ni en Ramoncín ni en su escuela de aprovechados.
Creo en la educación de calidad, en el esfuerzo de sus alumnos y en las becas a aquellos que se lo merecen por sus extraordinarios resultados. Creo en una educación aséptica, que eduque al niño en las diversas materias de la vida y de la naturaleza, como ha sido siempre, no que amolde su tierno cerebro a imagen y semejanza del buen socialista.
Creo en la familia, en que los padres son el faro que debe alumbrar los pasos de sus hijos desde la cuna hasta la madurez, en que son los progenitores los que deben formar en valores y creencias a los niños y que el Estado no es nadie para decir al joven que está bien y que está mal.
Creo en Dios, y no me avergüenzo de ello, creo en que nadie tiene derecho a arrebatarme mis creencias, a tacharlas de absurdas y rancias, a maltratar a aquellos que pensamos en Él como una esperanza, como un apoyo, como el único poseedor de la Verdad y del Bien.
Creo en la libertad, en la de expresión, en que todos tenemos derecho a opinar en los foros y ámbitos que nos venga en gana mientras respetemos al que no piensa igual que nosotros.
También en la libertad de pensamiento, ninguno de nosotros es superior al otro por pensar diferente, la izquierda no es superior a la derecha ideológicamente, hay que defender sin reparos y con fuerza los valores en los que se cree, pues un hombre sin ideales no es nada. Hay que luchar por ellos y no dar por perdidas batallas de antemano que no lo están, ni mucho menos, por miedo al que dirán o a lo que nos puedan llamar.
Creo en la libertad de prensa, pienso que los medios de comunicación críticos e independientes son básicos para la salud democrática de un Estado y ningún Gobierno debe ni por asomo pensar en silenciar aquellas voces que no le son afines.
Creo en la Justicia, en una justicia independiente, no influida por los partidos políticos, no formada por jueces designados a dedo por los partidos mayoritarios.
Y por último creo en España, en mi país, en mi patria, creo que es una nación de hombres libres que han sufrido mucho durante toda la historia, pero que han sabido sobreponerse a las adversidades y problemas desde la unión, unión en torno a un Rey, o a una Cruz, o a un sentir patrio, o en el caso del 1812 en torno a una Constitución liberal, pero jamás apiñados en torno a la mentira, al sectarismo, a pequeñas patrias falseadas sin base histórica y que basan su existencia en el odio a España y a todo lo que representa.
Por todo esto y algunas otras cosas que se me quedan en el tintero soy culpable, culpable de ser como soy, de ver la vida de este modo, y no estoy solo, muchos españoles piensan como yo, y no por ello son peores que nadie, son iguales al resto y tienen derecho a expresarse, a soñar, a luchar y a vivir conforme a sus valores y creencias.
Tenemos derecho a ser como somos sin que se nos tache de fachas ni de rancios, ni de trasnochados ni de caducos. Tenemos derecho a existir y a que se nos respete. Quién caiga en el error de menospreciarnos, de pensarnos inferiores, quien tenga la inmoralidad y la indecencia de masacrarnos por nuestra forma de pensar o de sentir, es el verdadero fascista pues su enanismo mental e intelectual, no soporta que existan personas que piensen distinto a él.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ed io credo in te ed assumo la colpa della conseguenza