lunes, 1 de diciembre de 2008

Pepiño Rambo

La noticia de estos últimos días ha sido sin duda el atentado islámico de Bombay y sobre todo que diese la casualidad de que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre estuviese en aquel sangriento escenario y que saliera ilesa del mismo.
La vimos el día después del atentado dando testimonio de la barbarie que vivió en primera persona, ataviada con las ropas del día anterior y con rostro cansado y aspecto sucio. Dio las gracias a todo aquel que se había preocupado por su estado, desde el presidente Zapatero, pasando por Rajoy y terminando por el Rey de España.
Hasta aquí todo normal, todo lo que se puede esperar cuando alguien escapa por los pelos de un atentado terrorista.
La nota discordante la ha puesto este fin de semana, el número dos del PSOE, el hombre de los “concetos” claros, el filósofo socialista José Blanco.
Ha declarado sin ponerse ni colorado, raro gesto en los que hacen de la mentira y el descaro su modo de vida, que Esperanza Aguirre aplicó aquello de sálvese quien pueda, y que no se preocupó por los que le rodeaban. Solo le faltó añadir el símil de que Doña Esperanza huyó la primera del barco, como las ratas, pero la cabeza de este iletrado, que cursó 1º de Derecho sin suerte, no llega ni para recurrir al refranero español y mucho menos a los chascarrillos populares.
Este energúmeno siempre encuentra la ocasión y la manera de sacar rédito político, por muy miserable que sea este afán en el caso que nos ocupa.
Aquí el sietemachos Pepiño, el matachín gallego, el quinto mosquetero, no suelta por su boca más que sandeces y bravatas, y lo peor es que al defender los mezquinos argumentos que he mentado más arriba, arrancó de sus acólitos un sonoro aplauso.
¿Qué podemos esperar de este rebaño? Antes de aplaudir podían haber pensado que habrían hecho ellos en la situación de la Sra. Aguirre, si las ráfagas de metralleta se escucharan sobre sus cabezas y el vestíbulo del hotel donde se pensaban alojar estuviese cubierto de cadáveres y de charcos de sangre.
El PSOE, ese heroico partido, cuyos representantes el 23F se escondieron bajo las bancadas del Congreso al primer disparo, ahora nos quiere hacer creer, por boca de su portavoz, Pepiño Rambo, que si alguno de sus integrantes hubiesen estado allí, se habrían tirado encima del primer terrorista armado hasta los dientes, le hubiesen quitado el Kalashnikov y hubieran reducido a todos los demás asesinos con su fiereza y valor.
Es que es todo un matarife el tal Pepiño Rambo, aunque siempre existen alternativas más dialogadas y serenas, como la de su jefe ZP. Éste, hubiera ido con una margarita en la mano y se la hubiera introducido en el fusil al primer yihadista de turno diciéndole: “Amigo, talante. Yo resolveré vuestros problemas gracias a la Alianza de Civilizaciones” Los terroristas hubiesen depuesto las armas y hubieran acompañado a ZP a Ginebra, a contemplar la cúpula de la nueva sala de la sede de la OTAN titulada “De los Derechos humanos y de la Alianza de Civilizaciones” que tantos millones ha costado, gran parte de ellos destinados en un principio a costear ayudas al desarrollo, no a gotelé subvencionado.
El PSOE, el heroico PSOE, nos quiere hacer creer que Esperanza Aguirre es la cobarde y ellos los valientes. Demostraron su sobrada valentía huyendo de Irak, siempre recordarán nuestros soldados como las tropas polacas les tiraban plumas de gallina mientras desertaban. Nos habla de valentía, Pepiño, miembro de un partido que quería pactar con ETA, rendirse ante los terroristas dándoles a cambio prebendas políticas.
Nos habla de valentía el PSOE y no se da cuenta de que hace el ridículo. No solo el ridículo, eso sería poco, sino que retrata por medio de su portavoz sus verdaderos odios y envidias a una líder carismática que siempre les pone en su sitio y da la batalla ideológica contra la izquierda. Con un discurso vacuo y miserable, Pepiño Rambo da a entender que lo que de verdad le pide el cuerpo, a él y a los suyos, recuerden a Maleni Álvarez diciendo que Esperanza Aguirre donde debería estar es colgada de una catenaria del metro de la T4, es que Esperanza Aguirre hubiese fallecido en el atentado.
Si hubiesen asesinado a Aguirre, el discurso de Pepiño en estos momentos sería bien distinto, cargado de dolor, de condolencias y condenas a la violencia, pero el oscuro corazón de este indigno portavoz rebosaría en vez de odio, rencor y fastidio como hace ahora, alivio, satisfacción y alegría mal disimulada.

1 comentario:

pastor lusitano dijo...

"Post" de Viriato el día 1 de diciembre ? Algunos portugueses te pueden acusar de "robahéroes".......!