jueves, 8 de enero de 2009

Lo que queda de España


Ha caído en mis manos recientemente el libro de Federico Jiménez Losantos titulado “Lo que queda de España”.
Fue escrito en 1979, apenas muerto el general Franco e instaurada la nueva democracia, cuando se respiraba un ambiente de cambio, de oportunidades, de renaceres y reivindicaciones, de libertad y de derechos.
Todo aquello se quedó por el camino o murió nada más nacer, algo vislumbraba Jiménez Losantos hace casi 30 años que se ha cumplido a rajatabla y que lamentablemente irá a peor por lo que estamos viendo.
A todos nos ha pasado que vemos ahora, a nuestra edad, Bola de Dragón u Oliver y Benji en la televisión y cambiamos de canal a los dos minutos.
Ya no es lo que era, pensamos. Lo que ocurre es que nosotros ya no somos los mismos, el tiempo todo lo cambia y lo que nos fascinaba hace 15 años ahora ha quedado obsoleto.
Sin embargo el libro de Losantos sigue de rabiosa actualidad 30 años después. Ese es el problema, esa la tristeza.
Comienza la obra denunciando la normalización lingüística en Cataluña, la sustitución del idioma materno de más de la mitad de los ciudadanos catalanes por otro que no es el suyo, y todo ello sin salir de la propia España.
Denuncia el libro la complicidad de los intelectuales catalanes, la aceptación de ese crimen cultural, de esa división entre ciudadanos de primera y de segunda según conozcan el catalán o no. Los mismos escritores catalanes ven como lógico que poco a poco se vaya sustituyendo el castellano por el catalán en la vida de aquella región española, ninguneando el bilingüismo, despreciándolo sin más y animando a los políticos a hacer una purga en toda regla, un holocausto lingüístico para masacrar y arrinconar a aquellos herejes que sigan hablando en la lengua de Cervantes.
Se llega incluso a identificar en los artículos de la época el castellano con el franquismo y la opresión, como si un idioma por sí solo fuera un arma de castigo o unos grilletes con los que maniatar al personal.
Losantos se queja en las páginas de su exquisito ensayo del poco protagonismo que tuvieron en la Transición los intelectuales y pensadores de la época, como abandonaron a la Nación Española en manos de estos infames cuando era más necesario que nunca que dieran un paso adelante para guiar con sus opiniones y trabajos la opinión española.
Se lamenta Losantos de que se desprecie la cultura y la tradición nacional, de que se mire tanto a la República con nostalgia como si los artistas, escritores y pensadores del exilio no hubiesen existido y hubieran seguido con la tradición española fuera de nuestras fronteras. Y es que Losantos no centra su ensayo en la política, sino en la cultura, la lengua y las letras, reivindicando a los intelectuales exiliados como españoles con una visión privilegiada de su patria, pues desde fuera se tiene un concepto más claro de lo que significa España en el mundo, un bien cultural, un patrimonio universal, una forma de ver la vida y de afrontar los retos y las adversidades. Como él dice, la cultura española es una sucesión de excepciones, ahí están Velázquez, Goya, Cervantes, Lope, Garcilarso, Unamuno, Juan Ramón Jiménez y tantos otros.
Todos ellos españoles de cabo a rabo por mucho que les doliese España o les hubiese maltratado la vida por haber nacido en nuestras fronteras.
Jiménez Losantos humilla y desmitifica a los iletrados e incultos filósofos de pacotilla de la cultura progre, como pueden ser Goytisolo, Montalbán o Savater. Analiza algunas de sus obras más significativas y desenmascara las premisas falsas y absurdas sobre las que basan sus teorías descentralizadoras, en definitiva antiespañolas.
Acaba el libro de Losantos con una cerrada defensa del Estado liberal, con un análisis riguroso de las alternativas que tiene la nación española para salir de este atolladero donde ha encallado por culpa de las cesiones a los nacionalismos excluyentes. No rechaza la idea de una posible balcanización de España, pero lamenta que ésta sería sangrienta y violenta, pues los nacionalismos no están limitados en un mapa por las actuales comunidades autónomas, sino que aspiran a absorber y fagocitar todos aquellos territorios colindantes que le son apetecibles, léase Navarra en el caso vasco o Valencia y Baleares en el caso catalán.
Al ser una edición del 2006, Losantos completa con un epílogo su obra, añadiendo los disparates y atropellos que bajo los gobiernos de Pujol, Maragall y Montilla se han perpetrado contra los ciudadanos que aún hablan en castellano en aquella región española.
En definitiva, un libro valiente y arriesgado, escrito en Cataluña contra el poder nacionalista que le costó a Losantos un tiro en la pierna por parte de los terroristas de Terra Lliure y el tener que migrar a Madrid como a tantos otros catalanes que no pudieron soportar la presión y el yugo nacionalsocialista catalán.

Feliz año 2009

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