viernes, 23 de enero de 2009

Obama


Hace unos días se produjo lo que tanto tiempo la izquierda española estaba esperando: la investidura de Barack Obama como presidente de los EEUU de América y el adiós de George Bush.
De repente, por arte de magia, por transformismo rutilante, la odiada nación de ultramar se convirtió en el País de las Maravillas, en Jauja, en el Reino de los Cielos.
Un señor de color se convertía en el 44º presidente de USA, en el primer afroamericano en ostentar el cargo y todo el mundo estuvo pendiente del solemne acto celebrado en Washington D.C., toda la ciudad y la nación americana eran una fiesta democrática.
Muchas molestias se han tomado desde el PSOE para identificar a Obama como correligionario de Zapatero, como camarada ideológico o estandarte del progresismo mundial. Mucho esfuerzo para apoderarse de una imagen mediática que no les corresponde.
Quizás esa propaganda a la que nos tienen acostumbrados los miembros del socialismo patrio y sus medios afines, cale en algunos cerebros con poco recorrido o demasiado inocentes para la podredumbre de la política actual española, pero en la investidura de Obama se constataron claras diferencias entre ambos líderes.
Ni siquiera tuvo que abrir la boca el flamante presidente yanki para que nos diéramos cuenta de que España y su democracia no le llegan ni a la altura del zapato a la mayor potencia del mundo.
Allí estaban Obama y su familia completa, esa familia tradicional que tanto desprecia la izquierda radical que representa Zapatero, la que ha intentado hundir mediante Educación para la Ciudadanía o medidas como el matrimonio gay.
Allí se encontraba la señora de Obama, elegantemente vestida, sujetando una biblia que perteneció a Lincoln, el primer presidente que combatió con saña la esclavitud.
Obama juró, no prometió como se permite en España a los cargos públicos, ante Dios y ante más de dos millones de personas que llevará con honradez y honor la presidencia de su nación.
Terminó con un lacónico “Que Dios me ayude”, frase que jamás saldría de la boca de Zapatero ni aunque estuviera amarrado a un potro de tortura de la Santa Inquisición. Ya se ha encargado nuestro ZP de marcar distancias con Dios, de repudiar a la Iglesia Católica y de preparar a marchas forzadas un cambio de Estado. De aconfesional, a anticatólico. ¡Ahí es nada!
Frente a Obama estaba su pueblo, más de dos millones de personas celebraban su nombramiento y ponían sus esperanzas e ilusiones de los próximos 5 años en sus manos.
Cada uno de esos ciudadanos portaba la bandera nacional useña, la lucía con orgullo, pues aquel hombre negro que les hablaba representaba a la nación, al Estado, a la globalidad de un pueblo.
Esa misma bandera ante la cual Zapatero no se levantó en el famoso desfile de las Fuerzas Armadas de hace unos años.
Pero es que para Zapatero la bandera no es más que un trapo, son habituales las imágenes de radicales separatistas quemándola o pisoteándola y aquí nadie dice nada.
Como no podía ser de otro modo, Obama no dijo como Zapatero que la nación es un concepto discutido y discutible, y eso que su país está claramente delimitado en Estados independientes.
Nadie le verá recibir en la Casa Blanca a los gobernadores de los distintos Estados pidiéndole más dinero, intentando sacar tajada de la visita.
Tampoco habrá Ibarreches, ni Roviras, ni Quintanas que intenten dinamitar la paz institucional del país más importante del orbe, al contrario, tanto republicanos como demócratas celebraban juntos los fastos presidenciales
La independencia judicial estará garantizada, casi casi como aquí, que se eligen a dedo los jueces que deben estar en tal o cual cargo.
La libertad de voto en el Senado y Congreso será una constante, prácticamente como en España, que no hace falta llegar a las votaciones para saber el resultado de las mismas.
Y ahí está su primera medida, la de Obama digo, en el caso de Zapatero no la veo ni probable ni posible: reducir el sueldo de altos cargos y funcionariado gubernamental. Igual que hizo Aznar nada más pisar la Moncloa.
Mientras, aquí, en España, ZP sigue con sus más de 600 asesores personales, permite que los presupuestos generales se pierdan en televisiones públicas, en subvenciones a los sindicatos, en mantener 17 autonomías con ansias de poder infinito, en ministerios sin voz ni voto, en financiar a los bancos sus posibles pérdidas, etc, etc, etc.
Ustedes mismos pueden juzgar si Obama y su ideario encajaría en el PSOE actual, si le diera por cruzar el charco y migrar a tierras más cálidas como las nuestras.
A mí me parece improbable, excepto si nos creemos la propaganda socialista o escuchamos embelesados la prosa edificante de José Blanco, alias Pepiño.
ZP es blanco y Obama negro, así también sus discursos y sus actuaciones.

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