miércoles, 18 de febrero de 2009

Matando la democracia


He tardado mucho tiempo en comentar este feo, sucio y sangriento asunto, de hecho me da tanto asco que no quería escribir sobre el mismo.
Visto que no se apagan los rescoldos, que a día de hoy se sigue hablando de la cacería de Bermejo y Garzón, no me queda más remedio que abrir entrada con mi humilde opinión sobre este tema.
Las fotos no dejan lugar a dudas, son el rojo Bermejo y el togado Garzón vestidos como señoritos de derechas escopeta en mano.
Se desenvuelven perfectamente entre cadáveres de cérvidos, aún puede respirarse el olor de la sangre fresca. Muflones, venados, cervatillos… Todos muertos a los pies de estos izquierdistas de tomo y lomo.
El problema que tienen los progresistas, los que presumen de ser de izquierdas, es que se mueren por el lujo y por parecer aristócratas. Tenemos infinitos ejemplos de ministros socialistas o altos cargos del mismo partido, que sucumbieron en su día ante las pieles, los viajes de lujo, los relojes, joyas, etc, etc.
La caza está entre esas actividades propias de la gente adinerada y que hay que practicar para llegar a ser la flor y la nata de la sociedad.
Ahí tenemos al rojo Bermejo, al que presume donde va de sus ideas reaccionarias de izquierdas, disparando contra animales indefensos por un módico precio, tan módico que la segunda jornada le salió gratis, ahorrándose la tarifa de 3000 euros necesaria para inscribirse en la montería.
También teníamos en la finca de marras al juez estrella de la Audiencia Nacional, orgulloso de su masacre, de su puntería, de su ojo bien calibrado. Allí se paseaba como pez en el agua entre cadáveres, inspeccionándolos como si fuera en esos momentos juez de guardia o juez forense, o desenterrador de fosas de la guerra civil, esas que tanto le ponen.
Muertos, están bien muertos. Y no hablamos de los ciervos, hablamos de la división de poderes que propugnó Montesquieu hace ya muchos años, hablamos de la vergüenza torera, de la dignidad de los cargos públicos, de la independencia judicial, de la democracia en definitiva.
Allí estaban, los cazadores cazados, mientras en sus despachos de Madrid descansaban en el olvido asuntos pendientes, ellos dos, Garzón y Bermejo, brindaban por 20 años de futuro socialista. Brindaban por la operación orquestada contra el PP, por la corrupción más absoluta de la Justicia, por la prostitución del estamento imparcial por excelencia.
Ya es feo ver a un juez metido a político, más si cabe si es como número dos de Mr. X, de Felipe González y su equipo de corruptos y asesinos ministros. Ya saben ustedes porque lo digo: GAL, FILESA, Fondos Reservados, etc, etc.
También es desagradable a la vista un ministro de Justicia incompetente y prepotente a la vez, el principal causante del desbordamiento de la maquinaria judicial, el primer ministro del ramo que tendrá que sufrir el castigo de una huelga general de magistrados.
Pero lo que en verdad ya es el colmo de la desfachatez y de la infamia, es verlos juntos de cacería, disparando mano a mano a sus presas:
- Mira Berjemo, ¿ves aquel? Dispara justo entre la separación de poderes. ¡Toma independencia judicial!
- Observa, Garzón, como me cargo a ese cervatillo que tiene la cara de Montesquieu. ¡Muera Montesquieu!
Es una buena forma de regocijarse entre amigos. Siempre se agradece una buena cacería, los días de diario judicial y los fines de semana contra la Justicia y el Estado de Derecho.
¿Y ahora qué? ¿Qué debería suceder? Lo higiénico, lo democrático sería que el ministro dimitiese de su cargo, que dejara de avergonzarnos apareciendo a todas horas con esa sonrisa cínica que le caracteriza.
¿Y Garzón? Garzón seguirá a lo suyo, trabajando como los famosos más chabacanos de la farándula y el colorín, buscando exclusivas para que los focos y cámaras sigan persiguiéndole, instruyendo penosamente, dejando a narcos en la calle, a presuntos terroristas en libertad o abriendo causas imposibles por amor al arte, que no a la justicia. Seguirá ejerciendo de estrella, pero no de juez.
¿Qué más podemos añadir sobre este tema ya manido? Que es una pincelada más sobre el lienzo que está pintando Zapatero con menos luces que sombras, ese que podría llamarse: “La destrucción de España como nación democrática. La liquidación de un Estado de Derecho”

2 comentarios:

Republica Rojigualda dijo...

No han matado a la democracia porque no había democracia que matar.

En España no existe división de poderes, no ya desde 1985, cuando Guerra proclamó su muerte al aprobarse la LOPJ, sino en 1978, cuando los padres constituyentes sometieron al poder político a la mitad del CGPJ (art. 122.3 de la constitución del 78) y crearon un tribunal político llamado Tribunal Constitucional, este sometido en su totalidad al gobierno (art. 159.1 de la CE78). Todo eso acompañado de la nula separación ejecutivo-legislativo que existe cuando los parlamentarios son sometidos a la disciplina de partido.

Con esa cacería no han matado a Montesquieu, que estaba ya bien muerto, solamente se han ensañado aún más con su cadáver.

pjmomority dijo...

Muy acertado tu artículo, una opinión muy ajustada a una realidad que, desgraciadamente, no todos vemos.
Te invito a ver mi blog y compartir opiniones
www.pjmomority.blogspot.com