martes, 24 de marzo de 2009

Espíritu Español

Para los poco amigos del politiqueo y que siguen este blog, van dedicadas estas líneas. Aún no sé bien qué escribir, espero no defraudarles. ¡Va por ustedes!
Ayer leyendo a mi tío, el ilustre Cronista de Aranjuez, esforzado investigador y mal pagado por otra parte, no económicamente, jamás ha cobrado un duro por su trabajo, sino de reconocimiento por parte del Ayuntamiento al que se debe, institución poco amante de críticas y de verdades incómodas como buenos socialistas que son, me dió por reflexionar.
Como decía, leyendo un artículo del Sr. Lindo sobre Felipe II, que habla de como el monarca amaba la naturaleza y el diseño de jardines, sobre como fundó en Aranjuez el primer jardín botánico español hace más de 500 años, mandando traer de medio mundo plantas y especímenes vegetales para copiar la moda que ya imperaba en otros países europeos, hoy desde el tren me ha dado por mirar el Raso de la Estrella, trazado urbanístico de los tiempos del gran Felipe, con sus dobles hileras de plátanos centenarios que podemos disfrutar frente al Palacio Real en Aranjuez, legado impagable de los Austrias.
He pensado en las personas a las que habrán dado sombra esos árboles, las revueltas, guerras, modas, historias que habrán contemplado sus impresionantes ramas. He sentido sobre mí los siglos que lleva a sus espaldas nuestra nación, y me he puesto a escribir.
¿Qué queda ya de España? ¿Qué será de nosotros? ¿Qué de nuestro paso por este mundo?
Miro el vagón del tren, los asientos vacíos que quizás hace años o meses fueron ocupados por personas ya cadáveres, apenas recordadas por unos pocos familiares.
Quizás el día de Todos Los Santos recibirán con suerte un ramo de flores sobre su fría lápida.
Muchas de estas ánimas, fueron gente anónima, que poco aportaron a la gloria nacional. Bastante tuvieron con sobrevivir a España y a sus miserias.
Otras pocas, fueron y siguen siendo ilustres y conforman la imagen imperecedera de una nación antigua y grande que algunos se empeñan en desprestigiar y manchar con sus inmundos planteamientos.
¿Qué es ser español? ¿Haber nacido en España? Si somos simplistas esa es la respuesta, pero como rezaba un anuncio de ropa deportiva no hace mucho: ser español es una responsabilidad. Yo añado que además es un orgullo.
Hablaba el otro día con alguien a quien aprecio enormemente sobre literatura y se me eriza el cabello de emoción al recordarlo:
Me hablaba de Lorca y yo de Tirso y Cervantes. Me recitaba el Tenorio y yo citaba a Valle Inclán en Luces de Bohemia.
Después pasamos a Baroja, a Machado, a Lope de Vega y Garcilarso sin olvidarnos de Góngora o de Cernuda.
Y es que España no es solo la cuna de tanto ingenio, no es solo la tierra de tanto autor conocido por su habilidad con la pluma y las letras. Todos los escritores que he mentado más arriba, de esos que he bebido en más de una ocasión y a los que le agradezco tantas horas de ameno entretenimiento y lectura, no serían nada sin España ni España sin ellos.
Jamás habría un Quijote francés ni un Tenorio alemán, jamás unos Campos de la Toscana en torno a Soria con sus cárdenas roquedas. Tampoco unas Bodas de Sangre entre escoceses ni un Caballero de Olmedo en Flandes.
¿Qué sería de Max Estrella borracho por las calles de París? ¿Qué de Augusto Pérez perdido en la Niebla de Londres sin la mano fraternal de Don Miguel de Unamuno?
Todos estarán de acuerdo conmigo de que solo España y sus circunstancias han sido capaces de dar vida a los genios de la literatura universal. Podríamos recordar otros campos como la pintura, la navegación, arquitectura o pensamiento y tendríamos idénticas conclusiones.
Cuando yo me muera, cuando nos muramos todos los que amamos e idolatramos esta nación y su pasado, cuando el Sr. Lindo se canse de luchar por Aranjuez y no haya más señores Lindo o Pérez, o López que lo hereden, cuando nadie ponga flores sobre las lápidas polvorientas del Quijote y Sancho Panza, de La Celestina o de Yerma y de sus padres literarios, entonces habrá muerto España.
En el Raso de la Estrella, en Aranjuez a día de hoy ya poco queda de aquel jardín botánico que Felipe II mandó formar. Por no quedar, ya no queda apenas quien se queje. La desidia y la bajeza se han apoderado de todo, hasta de nuestra Historia y de nuestra cultura.
El ilustre Cronista de Aranjuez lo expresa de esta forma:

“Ya desde hace mucho tiempo asistimos a la desidia de lo que no debe ser Aranjuez, pues debe ser ese lugar mágico en lo medioambiental, forestal o envidia de unos macizos de floresta que fueron santo y seña en los jardines de nuestras calles”

Esta sencilla frase habla de flores y de Aranjuez, pero desgraciadamente podemos extrapolarla a Historia y España, a Cultura y España, a Pensamiento y España.
No puede acabar este artículo de manera más triste… Cuando el olvido hace acto de presencia y nos avergonzamos de nuestro pasado o simplemente nos importa un bledo, entonces, es entonces, cuando uno se da cuenta que todo está perdido, y que nadie pondrá jamás flores sobre la tumba de nadie, por mucho que esa persona haya significado un todo en la larga y gastada vida de una nación, o de toda la Humanidad si nos ponemos estupendos, si evocamos a Valle Inclán.

1 comentario:

pjmomority dijo...

Viriato: coincido con tu punto de vista. Ser español, aparte de una responsabilidad y un orgullo, como bien apuntas, es un sentimiento. Los que vivimos lejos de España, lo sentimos a diario y nos emociona ver una bandera española o escuchar nuestro himno. El que no siente esto, por mucho pasaporte español que tenga, no es español.