jueves, 19 de marzo de 2009

Falsa moral

Como siempre que el Gobierno de Zapatero promueve una ley, ésta levanta ampollas en la sociedad, da igual que ministro sea el que se pone ante los micros, siempre acaba el personal encabronado y el debate se pone al rojo vivo, como las Fallas que hoy arderán en Valencia.
Hoy me ocupa hablar de la ministra Aido y su controvertida Ley del Aborto. Bibiana, no confundir con el famoso transexual, con muchos más méritos para ser ministra que esta señora, se ha sacada de la manga una ley que no ha dejado indiferente a nadie.
Después de formar un comité de expertos, todos ellos pro-abortistas para evitar el desagradable y absurdo choque de ideas y posiciones, la ministra ha alumbrado, ironías de la vida, un bebé malformado y aberrante.
Ahora las mujeres que lo deseen podrán abortar hasta las 21 semanas de gestación y más cerca del parto por una serie de situaciones excepcionales.
Hasta ahí todo correcto, una mera copia de otras leyes de plazos vigentes en Europa. El turrón, la tostá, se ha montado cuando la ministra ha dicho que las niñas de 16 años también podrán abortar sin consentimiento paterno, como cuando van al Zara a por una falda y pagan con tarjeta o se hacen el carné de la biblioteca una tarde de jueves.
Enseguida todas las asociaciones antiabortistas, la Iglesia Católica y demás personas con dos dedos de frente se han puesto a rasgarse las vestiduras.
Lo primero es que Aido ha promovido una ley innecesaria. Parece como si antes de que Zapatero se inventara el Ministerio de Igualdad y pusiera a esta ministrilla de cupo para hacer bulto (es otro de esos ministerios sin presupuesto propio) no se pudiera abortar en España, pero el que tenga memoria sabrá que con la ley de supuestos que aún está en vigor, aquí ha abortado toda señora que lo ha querido, incluidas menores, eso sí acompañadas por sus padres.
Pues nada, la culpa la tiene la Iglesia, la Cope, Aznar y Franco, como de casi todo.
Ahora los progres se hartan de llamar hipócritas a los obispos por lanzar una original campaña en la que se ve a un bebé junto a un cachorro de lince. Sobre el animal hay un sello que pone “Protegido”. El bebé se pregunta: ¿Y yo?.
Según el Gobierno y el ministro de Sanidad, el de yo condón pongo, solo con coco, con condón floto pronto, compadre cómprame un coco, enseguida ha dicho que la Iglesia está mejor callada.
Digo yo, que los obispos y sacerdotes, como cada hijo de vecino, tienen derecho a opinar y a decir las cosas como piensan que son o deberían ser.
Los progres, esta vez, se escudan en la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo, nótese lo de mujer, cuando estamos hablando también de niñas, niñas que no pueden votar, que no pueden conducir, ni pueden irse de excursión con el instituto sin justificante, ni representarse legalmente, ni ponerse un piercing, ni entrar a las discotecas, ni beber alcohol, ni fumar, ni recibir la píldora del día después sin ir con un mayor de edad al lado, ni otras mil cosas como ponerse tetas de silicona en una clínica de cirugía estética.
Esas niñas pueden decidir gracias a Aido ocultar a sus padres que acaban de abortar, que acaban de segar la vida de un no nacido, de un ciudadano según el Tribunal Constitucional.
Los progres en vez de convertirse en baluartes de las libertades individuales y tachar a la Iglesia de fascista y carca, podrían estudiar un poco de historia occidental.
Se darían cuenta que muchos de los derechos y libertades de los que gozamos ahora, vienen del Cristianismo. Recuérdese a estos señores que griegos y romanos se deshacían de los bebés que no querían, Aído esto es para usted, en su mayoría de las mujeres, esto también es para usted, pues las mujeres eran prácticamente esclavas y podían ser repudiadas por su marido por cualquier nimiedad. Los matrimonios se producían cuando la niña tenía apenas 12 años (esto quizás le guste, ya que según usted una niña es mujer desde que se esconde para mear, como dice el chascarrillo)
Es lo que tiene convertir delitos en libertades, convertir la cultura por la vida en el culto por la muerte.
El señor Soria, debería estar muy enfadado con su compañera de Gobierno, por dar a entender a las jóvenes que pueden practicar el sexo sin preservativo, que a fin de cuentas podrán abortar alegremente sin que su mamá se entere de nada.
Convertir el aborto en un método anticonceptivo como otro cualquiera es una aberración, considerar a niñas de 16 años responsables y maduras para tomar por su cuenta una decisión de este calibre, es algo que ralla el absurdo.
Si ésta es la mentalidad de la ministra de Igualdad y de su comité de expertos progres, prefiero no ser igual a ellos y quedarme como estoy.
Seguiré creyendo en los valores que me trasmitieron mis padres a base de confianza, comunicación, sinceridad, amor, cariño, respeto y amparo.
Si una niña de hoy en día es incapaz de decirle a su madre que está embarazada, no quiero pensar en que clase de sociedad vivimos y hacia donde vamos. ¡Que Dios nos coja confesados!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde luego la Sra Aido no debe tener hijas; y si las tiene poco piensa en lo que pueda sentir una niña ante ese drama que se la puede venir encima al saber que puede estar embarazada; y ademas lo que es todavia mucho peor como tratar de librarse de el embarazo sin que sus padres lo sepan. Yo tengo hijas y solo pensar lo que podían estar pasando sus cabecitas con 16 años y solas ante ese drama, no quiero ni pensarlo... sola sin sentir la obligación de tener que hablar con sus padres, para que la ayuden en esa lucha que tendrá consigo misma, pensando en la libertad que se la está dando desde el Gobierno... para decidir algo que en un futuro podía hacer que tuviese problemas con su conciencia....
Flor deJara.