lunes, 27 de abril de 2009

Napoleones y Borbones

Esta mañana, como no tenía mucho que hacer, he decidido darme un paseo por Madrid, llevándome mis pasos hasta Recoletos, en concreto a la Biblioteca Nacional.
De nuevo contemplando las estatuas de Vives, Cervantes, de Nebrija, Lope, San Isidoro y Alfonso X el Sabio mirándome con altivez, orgullosos de ser los grandes de las letras hispánicas, me he quedado embobado.
Algo no encajaba en el Paseo de la Castellana: colgadas de las farolas lucían banderolas españolas junto a otras con los colores galos.
- ¿Banderas francesas en Madrid? – me he preguntado extrañado rascándome el cráneo. Luego ha venido a mi memoria la noticia de que hoy llegaba a España Sarkozy con su bella esposa para entrevistarse con el poco inteligente Zapatero, según palabras del propio presidente de la República francesa, para tratar temas de Estado, terrorismo, bilateralidad, etc.
He pensado en aquellos que llaman a Sarkozy enano, nuevo Napoleón, etc., después, como era natural, he caído en la cuenta de que el sábado se cumplen 200 años o 201 para ser más exactos, del levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas napoleónicas, el denominado 2 de Mayo de 1808 o inicio de la Guerra de la Independencia.
En 1807, el primer ministro Manuel Godoy o favorito del Borbón Carlos IV, firmaba el tratado de Fontainebleau, por el cual se permitía el libre paso de las tropas napoleónicas hacia Portugal para hacerle la guerra al país vecino, que en ese tiempo era muy malo y estaba aliado con la Pérfida Albión.
O sea, que los franceses engañando a Godoy, o éste como buen afrancesado dejándose engañar, fueron tomando posiciones en España mientras avanzaban hacia Portugal, sembrando el malestar en el pueblo llano. Esta historia todos la hemos aprendido en el colegio, o al menos los que no hemos caído en comunidades infectadas por el virus de la fiebre porcina nacionalista, mutado en varias cepas ibéricas.
Luego llegó el Motín de Aranjuez, mi pueblo, cuando los franceses querían sacar de España a los infantes, etc, etc. Al final la guerra de la Independencia fue un suicidio colectivo, pues los Borbones, que muy poco tienen de españoles, traicionaron al pueblo. Fue peor el remedio que la enfermedad y Fernando VII, el rey Felón, volvió a instaurar la Santa Inquisición, se cepilló a todo lo que olía a liberal en España, marginó al anciano y enfermo Goya y jodió la primera Constitución liberal nacional, la Pepa de 1812.
Al llegar a casa, en las imágenes del noticiero del mediodía, por fin lucían palmito el nuevo Napoleón, la Bruni y los actuales Borbones, descendientes directos de aquel rey nefasto para España.
200 años después el presidente francés ha sido recibido con honores en la capital española. 200 años después parece firmarse un nuevo tratado de familia, como los de antaño. 200 años más tarde poco ha cambiado nuestra relación con Francia:
Ellos siguen siendo los poderosos y nosotros los harapientos o vecinos pobres que recibimos con alegría la visita de Napoleón, de Sarkozy o de la madre gabacha que los ha parido a todos.
El Rey Juan Carlos, como aquel abuelo lejano suyo llamado Fernando, últimamente parece no apreciar demasiado a sus vasallos. Parece haber delegado todo en una supuesta democracia, en un primer ministro infame llamado Zapatero que se rinde a los franceses por una silla en las reuniones intrascendentales del G20.
El rey contempla impertérrito como la nación que con buen talante democratizó siendo el principal artífice de una transición ejemplar, no hace otra cosa que desmoronarse y atentar contra los derechos más fundamentales de la ciudadanía desde los propios órganos de poder.
Como aquel Fernando VII, Juan Carlos asiste impasible a las miserias de su pueblo, al paro reinante, a la avaricia de los políticos, a los abusos de poder, al recorte de derechos y libertades ciudadanos según donde se haya nacido o donde se viva, a la instauración de nuevas y Santas Inquisiciones nacionalistas.
He visto al Rey junto a Sarkozy, y he pensado “es mi rey”, pero según se están poniendo las cosas, de aquí a Bayona solo hay un paso, quizás Sarkozy le pueda acercar en su jet privado, y me temo que ni en Aranjuez ni en otro lugar de las Españas, se formara un motín para impedir su marcha.

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