lunes, 4 de mayo de 2009

1º de Mayo

Los líderes sindicales de CCOO y UGT cada 1º de Mayo, Día del Trabajador, se superan a si mismos.
Qué bonita forma de apropiarse del discurso de los trabajadores tienen estos dos artistas de la mediocridad y la carota.
Por lo visto y escuchado de la boca de estos dos enajenados mentales, el Gobierno de Zapatero, el Gobierno del paro, el de los 4 millones de personas con el culo al aire entre las que me incluyo, lo está haciendo de perlas, de rechupete.
Ni una mala crítica a las actuaciones del Gobierno español, ni un solo reproche, eso sí, contra Aguirre, contra la patronal, el Banco de España y contra EEUU, todo son bocados al cuello.
La verdad es que el 1º de Mayo me pilló en Madrid. Rodeaba yo la puerta de Alcalá, con mi coche y me disponía a bajar la cuestecilla que llega a La Cibeles, cuando los vi:
Policías impidiendo el paso a Gran Vía y marea roja subiendo Alcalá hacia la Puerta del Sol.
Más que marea, podríamos decir mareílla, pues las cifras oficiales que ha dado la Policía han sido de unos 6000 manifestantes, las que arrojan los sindicatos organizadores es de 65000 personas. ¡Una birria! ¡Una vergüenza!
Vamos a ver, somos 4 millones de parados en España, son 200.000 los liberados sindicales que viven del cuento, son miles los afiliados a PSOE e IU y… ¿solo acuden a la manifestación del Día del Trabajador 6.000 personas?
¡Por favor! ¿Este es el nivel de convocatoria que tienen los sindicatos de clase UGT y CCOO? ¿Estos son los representantes de los trabajadores? ¿Estos los que chupan del Estado y de nuestros impuestos millones de euros sin saber cual es su verdadera función?
Pues sí, señores, así están las cosas, pero ningún político si exceptuamos a Aguirre levanta la voz contra estos vampirillos y aprovechados profesionales.
Se ha demostrado que desde hace 4 años las subvenciones que los sindicatos mayoritarios perciben por parte del Gobierno solo en Andalucía son de 265 millones de euros, ¡cágate lorito! Solo hay que extrapolar esta cantidad a la globalidad del Estado para darnos cuenta de que los sindicatos de clase viven muy bien del chollo estatal, y que mientras nada cambie y sus amos socialistas les sigan alimentando, su discurso seguirá siendo cariñoso y amable como cuando el perro menea el rabo al ver a su dueño sacar del bolsillo una galletita en forma de hueso.
Zapatero hace unos meses les pidió cariño, amor, casi le da un beso de tornillo a Méndez en aquel congreso de UGT y así le han correspondido.
Hace unos días el presidente dijo que los mensajes que los sindicatos llevaran a la calle el 1º de Mayo serían los suyos propios y los mensajes han sido inexistentes para no dañar la imagen del de la ceja, pues él, ZP, es el gran amigo del trabajador, el gran baluarte del obrero, el defensor de los desvalidos, el Quijote de León.
¿Y los parados? ¿Quién nos representa a los parados? ¿Hay un sindicato de parados en España? No, ni lo habrá, pues el objetivo último de los sindicatos de clase no es defender al trabajador o al individuo con problemas, sino controlar mediante los comités de empresa la compañía a la que se han agarrado como garrapatas e influir en sus decisiones estratégicas.
El objetivo básico de los sindicatos es forzar que se paguen mayores salarios por trabajos cada vez más reducidos y menos productivos, hasta que la empresa reviente por algún lado. Por eso los mensajes clave de este sábado 1º de Mayo fueron:
Más impuestos, más deuda pública y más crédito. Es decir, la ruina.
Se piensan estos señores, que como a ellos les va bien sin dar un palo al agua, al resto de la ciudadanía también les va a ir de lujo tirados en el sofá.
Pero es que el dinero público es de todos, no de nadie como se atrevió a decir la iletrada Carmen Calvo, y si con nuestro trabajo y dedicación no aportamos cada uno de nosotros el granito de arena necesario para incrementar la hucha común del Estado, éste no se puede endeudar más, ni los bancos dar más crédito, ni los ciudadanos pagar más impuestos.
¡Menuda receta para salir de la crisis! ¿Y estos son los defensores de los trabajadores o de los holgazanes?
Después hablan de paz social, de diálogo social y al instante empiezan a amenazar al Gobierno con que si los pasos que piensan dar son flexibilizar el mercado laboral, abaratar el despido, bajar el salario mínimo, etc, esta paz y este diálogo se pueden romper. O sea, que si al Gobierno de ZP le da un ataque de sensatez y empieza a aplicar medidas liberales como las que acometió Aznar en su primera legislatura, que se prepare para una guerra con los sindicatos.
Me viene a la cabeza el tributo que las taifas musulmanas pagaban a los reyes de los reinos cristianos para evitar la guerra, o aquellos otros tributos que los moros daban a los nobles de Orán, cuando Orán era española, para evitar las cabalgadas que arrasaban sus asentamientos, o el bocata que mamá hace con cariño para el niño cobardón que luego entrega al abusón de clase para evitar recibir una paliza.
¿Son otro tipo de tributo las subvenciones a los sindicatos? ¿Son los sindicatos una especie de mafia o crimen organizado que se atiene a la legalidad y respeta el código penal mientras todo está como ellos quieren y rompe la paz social reinante cuando se les lleva la contraria?
Estos señores, tendrían que mirar las cifras de paro, el paupérrimo número de asistentes a la manifestación del sábado por ellos convocada y darse cuenta de que no nos representan, de que España es consciente de esta estafa monumental y de que ante la crisis que nos azota, no está bien defender unos privilegios adquiridos de unos pocos en detrimento del bien común de una nación.
Para darse cuenta de esto que digo, primero habría que tener dignidad, y segundo vergüenza. De ambas cualidades carecen las actuales cúpulas de los sindicatos mayoritarios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En España no hay sindicato de parados porque en principio lo prohíbe la constitución española expresamente y solo se pueden afiliar a un sindicato de trabajadores.
Los sindicatos no les harán ni caso porque no votan representantes en las empresas porque evidentemente no trabajan en ninguna.
Cualquier político sabe que millones de parados agrupados en un colectivo sería la mayor fuerza humana y de opinión del país y decisivos en cualquier dirección.
Es un colectivo peligroso para el sistema, por tanto y hay que mantenerlo adormilado con subsidios y cursillos que no le libren de su condición pero que minan su fuerza de reacción incapacitándolo para cualquier sublevación.
Se siembra el odio, la desunión y la competencia feroz. convenciendo al parado que un puesto de trabajo es un bien escaso y su principal enemigo es otro parado que tratará por todos los medios de arrebatárselo.
La única esperanza del parado es dejar de serlo o de estarlo.