viernes, 30 de octubre de 2009

El Pastel

Olía muy bien, y se veía mejor. Allí estaba, sobre la encimera, con su nata, su chocolate y sus guindas bien puestas y brillantes. El pastel tenía una pinta irresistible.
Los dos niños, Artur y Josep, no podían dejar de mirarlo mientras salivaban internamente y se relamían golosos.
El pastel no era para ellos, aquella tarde se celebraba el cumpleaños de la hermanita de Josep, la niña rubita y pizpireta cumplía 2 años y las mamás de Pep y Artur, como buenas vecinas, se habían llevado de compras a la nena, en busca de vestiditos y zapatos nuevos para que luciera como una muñequita en la fiesta vespertina.
-Tengo hambre – dijo Josep.
-¡Toma! ¡Y yo! – contestó Artur sin fijarse en su amigo y con la vista clavada en la pieza de confitería. -¿Y si comemos un poco de pastel? – añadió tras un fugaz pensamiento.
-¿Y si nos pillan? – contestó Pep un poco temeroso.
-¡Qué va! ¡Yo ya lo he hecho otras veces! – dijo su vecinito.
Artur se encaramó como pudo a la encimera ayudándose de una banqueta y empezó con sus deditos a rebañar un poco de nata por aquí y otro poco por allá. Pronto Josep le imitó y los dos chiquillos, que muy pocas veces se ponían de acuerdo y andaban a la gresca casi todo el día, comenzaron su festín.
Sin darse cuenta siguieron con el chocolate y con las guindas. Pasado un rato, habían terminado con casi toda la tarta.
-¡Mira lo que has hecho! ¡Te lo has comido entero! -acusó Pep a su vecino con los labios manchados de chocolate.
-¡No! ¡Has sido tú! – dijo Artur lamiéndose los dedos. - ¡Ahora sí que nos la cargamos!
Pancho, el viejo mastín español del padre de Josep, entró lentamente en la cocina y comenzó a beber agua en su platillo naranja. Los niños se miraron de manera cómplice.
-¡Pancho!¡Bonito! ¡Ven! ¡Toma! – le llamó Pepe.
El perro se acercó a su amito moviendo el rabo y le lamió la mano. Artur pasó sus deditos por los restos de la tarta y pringó la cabezota del perro de chocolate y nata. El animal no hacía otra cosa que relamerse y los niños reían aliviados viéndose libres de culpa.
-¡Menos mal que Pancho no habla! – dijo Artur. Pep asintió satisfecho con la cabeza y siguió pringando al perro de golosina.
Al rato llegaron las mujeres cargadas de bolsas de boutiques caras de Barcelona. El perro salió a su encuentro embadurnado de tarta y comprendieron lo que había pasado.
-¡José Luís! ¿No te habías quedado al cuidado de los críos y del perro? ¡Este hombre es que no se entera de nada!- dijo la madre de Josep a su vecina y madre de Artur.
José Luis bajó las escaleras quitándose las gafas de cerca y entró a la cocina sin ganas.
-¡Jodido perro! – atinó a decir.
-¡Tú tienes la culpa!¡Tú y tu mastín español! – le recriminó su mujer.
- Pero… ¡mi vida! ¡Estaba arriba leyendo! – se defendió el hombrecillo.
-Pues ya sabes lo que te toca, ¿verdad? ¡Ale! ¡Saca la cartera y ve a comprar otra tarta! La gente debe estar al caer… ¡Qué desastre! – respondió la mujer acariciando la cabeza a Pep que había puesto cara de no haber roto un plato.
José Luis bajó la cabeza y se puso la chaqueta en el recibidor. Buscó en la cartera y encontró apenas unos euros. ¡Encima no eran suyos! Eran de los ancianos de la residencia que le habían encargado lotería de Navidad, o de fiestas de invierno, como se iba a llamar en Catalunya la efeméride dentro de poco.
Bueno, eso era lo de menos, había que comprar el nuevo pastel, ya ajustaría cuentas después.
-¡A ver donde compro yo ahora otra tarta a estas horas en Santa Coloma de Gramanet! – dijo para sus adentros José Luis - ¡Ya está! ¡La pastelería Espanya! – pensó de improviso mientras tomaba una curva con su coche azul.
En la radio hablaba un señor en catalán, sobre el Estatut, la gentuza españolista de “Madrit”, sobre…
Quitó la radio. A él y los críos lo que le interesaba era el pastel.
Cuanto más grande mejor.

1 comentario:

Eva dijo...

Lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a que los políticos nos roben que ya lo vemos como algo normal, incrementando el mito de "todos los políticos son iguales".

En fin, lamentable, como todo lo que pasa en España últimamente.

Un saludo.