martes, 3 de noviembre de 2009

La farsa de Génova 13

Verano de 1465. Alrededores de Ávila. Reinaba por aquel entonces Enrique IV de Castilla, llamado el Impotente, hermanastro de la futura reina de Castilla y más tarde de España, Isabel la Católica.
Los nobles díscolos, entre los que se encontraba el poderoso marqués de Villena, montaron una pantomima en la cual se escenificaba el final del reinado de Enrique. Un muñeco de madera representaba al rey, y tras leer ante su efigie una declaración de intenciones acusándole de muchas infamias, Diego López de Zúñiga derribaba el muñeco con un lacónico “¡A tierra, puto!”.
Este episodio histórico pasó a la historia como La Farsa de Ávila. Tras el mismo, los nobles rebeldes reconocían como rey al hermano de Enrique, el infante Alfonso de tan solo 13 años y los fieles a la corona seguían llamando alteza a Enrique IV el Impotente.
Murió Alfonso, más tarde Enrique y Castilla se dividió entre los partidarios de Juana, la hija del Impotente e Isabel la Católica, hermanastra de del finado Enrique. Comenzaba así la Guerra de Sucesión Castellana en 1479.
Otoño de 2009. Calle Génova. Madrid. Reinaba por aquel entonces en el PP, un tal Mariano Rajoy Brey. Había prometido a los medios un discurso duro en la celebración de una reunión extraordinario del Comité Ejecutivo Nacional.
Comenzó su discurso ante sus súbditos presumiendo de legitimidad, de respaldo total de las filas populares a su gestión. Recordaba que fue el único que se presentó hace 1 año en el Congreso de Valencia y que todo el mundo le había apoyado. Dicen que a la fuerza ahorcan.
Siguió hablando de los logros electorales bajo su gestión, de que se había despojado de los miembros que no le apoyaban, aunque hubieran sido de una talla moral enorme como María San Gil u Ortega Lara.
Presumió de apertura y transparencia en los congresos provinciales, aunque sepamos todos que ha impuesto candidatos en sitios como Cataluña, que ha vetado a otros en Vascongadas o Baleares, etc.
Terminó su discurso arremetiendo contra todo lo que se movía, sin el menor atisbo de autocrítica.
Veladamente criticó a Manuel Cobo por hablar mal de Esperanza Aguirre en los medios para a continuación decirle a ésta que deje de presionar a los órganos del PP mediante firmas de alcaldes, etc. ya que él es el que confecciona las listas electorales.
Por último añadió a este discurso despótico que todo aquel que hable fuera de los órganos internos del partido, será expulsado del mismo.
Cuando acabó su discurso todos los nobles y barones territoriales tuvieron la posibilidad de hablar ante su señor.
El protagonista de la jornada, el tal Cobo, no dudó en apuntalar sus ataques a Aguirre, ausente en el acto para no influir en el debate según declaraciones de la lideresa, aunque esto tampoco se lo crea nadie. Tras Cobo habló Gallardón, alias Vellido Dolfos, para apoyar una vez más a su lacayuno amigo de fatigas y cacerías y para decir falsamente que sí a todo lo que Rajoy había apuntado en su discurso.
Todo ante la mirada impávida del señor Rajoy, que no sabía en ese momento si el alcalde de Madrid se acercaría a su vera para darle una palmada de apoyo en la espalda o un empujón a la silla diciendo aquello de “¡A tierra, puto!”
Hoy, guardando las distancias, hemos asistido a otra farsa, “La Farsa de Génova 13”.
Hoy, hemos escuchado a un líder que se resiste a dejar de serlo, a un monigote de madera como aquel de Ávila de hace 6 siglos al que todos sus nobles desprecian, aunque solo unos pocos osen levantar la voz.
Rajoy ha hecho lo que ha podido en su debilidad. Se ha cubierto las espaldas a base de amenazas. El único arma del débil. Ha mentido en su discurso, ha intentado hacernos creer que tiene el apoyo de las bases, cuando todos los foros de opinión, incluso los integrados en la web propia del partido, popular.es, son un hervidero de críticas, algunas veladas, otras a viva voz.
Las encuestas de diarios como El Mundo, que preguntan a sus lectores si Rajoy ha zanjado con esta pantomima los problemas internos del PP son apabullantes. Más del 80 por ciento de los encuestados dicen que no.
La encuesta oficial y precocinada del CIS, en la que se basa Rajoy para sacar pecho diciendo aquello de que saca más de 3 puntos al PSOE en intención de voto, revela que Rajoy es el líder peor valorado y que supera en desconfianza hasta al propio presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero . Todo esto con más de 4 millones de parados y una crisis institucional sin precedentes.
Lo más feo del discurso de Rajoy es su intentona de poner la mordaza a los dirigentes de su partido, a aquellos de los que presume tienen toda su confianza.
La ley del silencio, la dictadura del miedo, el chantaje de no incluirlos en listas futuras.
Con lo que no cuenta Rajoy es que los militantes de base, entre los que me encuentro, al vernos traicionados por sus actos y por sus acciones no estamos dispuestos a callarnos ni a mordernos la lengua.
La guerra de Sucesión en el PP ha comenzado, solo falta saber quién será el encargado de empujar al fantoche de Rajoy diciendo aquello de: “¡A tierra, puto!”

1 comentario:

gracián dijo...

Enhorabuena Viriato.

Brillante y vibrante recreación.

Me permito llamar su atención sobre un relevante dato que sin duda conoce y es que la disputa dinástica a la larga tuvo importantes repercusiones y en el fondo acabó con Castilla tal y conforme se la conocía hasta entonces, no sólo porque uniera su suerte a la corona de Aragón, sino porque volcó sus energías en los territorios de ultramar y en disputar por derecho propio la supremacía europea...

Sirva pues esta enseñanza de la historia para descartar el miedo a la hora de romper amarras e iniciar la nueva travesía.

PLUS ULTRA