lunes, 14 de junio de 2010

Helechosa de los Montes

En uno de esos parajes perdidos de la estepa extremeña, entre pinedas, bosques de encinas, sabinas y jarales, bañada por el embalse de Cíjara, descansa Helechosa de los Montes, población vetusta, añeja, escondida por altozanos y empalada entre el límpido azul del cielo castellano y la tierra desgarrada de nuestra meseta.
Un pueblo de los de antes, dormido en sus recuerdos, salido de una obra lorquiana o de una película de Berlanga.
En el centro de sus calles empinadas, se alza orgulloso el campanario de la Iglesia de Helechosa, pequeña construcción, prieta, robusta como un tocón de árbol, resistente al gélido invierno y al ardoroso verano que todo lo socarra.
En su parte de atrás, luce un patio más típico de Andalucía, con su fuente fresca coronada por una sencilla talla de piedra de la Virgen María en el centro.
El borboteo de sus cuatro caños da paz y sentido al descanso que ofrecen al visitante sus bancos acunados a la sombra del muro centenario. Un balcón que se cuelga sobre los tejados de la población nos deja apreciar al fondo el embalse, construido por el Caudillo en su afán hídrico, donde no duda en pescar el incombustible Ibarra, socialista al que según los lugareños, llaman león en su tierra y gato en Madrid. Nunca mejor dicho.
Tuve la suerte de visitar este pintoresco pueblo hace unos días, aunque el cielo luciera sus galas más fúnebres y llorase largamente sobre nuestras cabezas.
Allí leen este blog, aunque parezca mentira, por uno de esos juegos del azar. Mis amigos Carlos y Upe, ella nacida en la región como presume su nombre, nos invitaron a mi esposa y a mí a un fin de semana de esos que no se echan en falta hasta que se gozan y más tarde se terminan: Sin televisión por culpa del TDT, sin móviles porque no hay cobertura, sin tráfico, sin ruidos, sin noticias políticas y sin injerencias externas que acongojan los corazones y avinagran el carácter.
Tuvimos la suerte de que por estas fechas se celebre allí el Corpus Christi, una fiesta nacional que en Helechosa se celebra de forma especial, única, que respira antigüedad por los cuatro costados.
El pueblo se engalana para recibir el Cuerpo de Nuestro Señor, las empinadas calles se cubren de ramas olorosas de tomillo y helechos recién cortados y las esquinas reverdecen gracias a las cepas de encina apostadas contra las paredes de las casas.
En cada portal, se levanta un altar para dar gracias a Dios, y los pobladores de Helechosa, tras un trabajo meritorio y artesanal de días, llevan como ofrenda cestas de dulces exquisitos elaborados por ellos mismos, animales vivos o productos de la tierra, para después subastarlos públicamente a favor de organizaciones como Cáritas o hermandades que ayudan a esos que más lo necesitan, y una vez más no hablamos de los sindicatos, claro está.
Después de misa, la Hostia sale a la calle bajo palio, portada por las autoridades de Helechosa, oliendo a incienso intensamente, recorriendo las enredadas y torcidas callejuelas haciendo paradas en los altares vecinales, donde el sacerdote bendice lo allí depositado, mientras unos pintorescos personajes, llamados los Diablucos, bailan retadores y dantescos desafiando al Señor.
Son los Diablucos unos personajes vestidos de rojo, con cascabeles en sus tobillos y atravesadas las espaldas por una crin de caballo y un rabo negro. Llevan la cabeza cubierta por una máscara que simula el rostro de El Maligno y en las manos unos instrumentos similares a las castañuelas que no dejan de tocar.
Cuando la procesión termina y de vuelta a la iglesia el cura enseña la Santa Forma, los Diablucos salen despavoridos de la Casa de Dios. Una vez más el Bien predomina sobre el Mal, por muy largo y duro que sea el trayecto recorrido.
Así desde hace más de cuatro siglos. Sin señales de la Memoria Histórica socialista, en la Iglesia sigue en pie una cruz en memoria de los caídos de Helechosa, y como si la ministra Chacón no existiera, un Guardia Civil sigue portando el palio junto a demás autoridades, dándole honores militares al Corpus, como siempre ha sido y como jamás se concibió que dejara de ser hasta la llegada de la indigna Carme Chacón.
Hacía mucho, desde mis veranos en el pueblo materno, Villaseca de Henares, que no disfrutaba de un entorno rural como éste, donde he podido acariciar a caballos, dar de comer a unas cabras o tocar las lanas sucias de una oveja ofrendada en uno de los ya nombrados altares de Corpus.
No he dejado de disfrutar de la sombra de higueras, vides, encinas y jaras olorosas ni de sorprenderme porque de las aguas del pantano emerjan tristes y olvidadas las cruces ruinosas del antiguo cementerio sepultado bajo las aguas del río Guadiana.
Espero que si leen estas líneas mis ya amigos de Helechosa, no se enfaden si me quedo corto en halagos y que sepan ver que estoy agradecido del trato que me han dado en todo momento.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca había oido,mejor dicho leido una descripción tan fantastica y entrañable de MI QUERIDO PUEBLO.
Las lagrimas resbalabán suavemente mientras lo iba leyendo; su Corpus Christi, sus Diablucos,Altares, dando Gracias a Dios; y promesas cumplidas... no, ni mucho menos te has quedado corto,te agradezco hayas enumerádo paso a paso todo lo referente a nuestras creencias y costumbres religiosas .Lo que está escrito siempre alguién lo leerá, ya que estás cosas a estos pasos agigantados que vamos, negaciones de Religión a nuestros niños etc...todo se perderá.
Gracias a vosotros por venir por aquí y perder vuestro valioso tiempo que por hay tampoco tenéis para perder.
Flor de Jara.

Anónimo dijo...

aunComo Helechoseño de pro de toda la vida,sencillamente !GRACIAS ¡.
Tuve el gusto comomde dice de "saludarte",leyendo esto te digo que fue un honor.-
Helechosa donde hubos tribus del postpaleolítico,indicios de restos celtas y romanos,mantiene o trata de mantener sus costumbres y su pasado.para mirar el Futuro.El Corpus y los Diablucos con mas de 450 años es una muestra,es la tradicción de mayor arraigo y fervor popular,el buque insignia.Gracias de nuevo por contribuir a difundirla y a que se nos conozca fuera de nuestras fronteras,pues por estos lares a veces hasta no nigunean nuestra nombradiam e identidad.JUAN ANTº