miércoles, 4 de agosto de 2010

Lecturas veraniegas

No me iba a poner a escribir sobre esto porque no me gusta vivir mirando al pasado ni hablar de las rencillas enterradas por el paso de los años. Eso es cosa de progres, viviendo siempre entre mitos, mentiras históricas y odios profundos que buscan la venganza tardía ante las realidades históricas españolas.
Su odio profundo a España, su eterna búsqueda de la destrucción de sus valores como nación y de sus raíces sagradas hacen que jamás vivan en paz y miren una y otra vez por el retrovisor de su penosa historia ideológica que tantos muertos sembró en el siglo XX.
Hoy de nuevo habla Garzón de la guerra civil, del comportamiento de la Iglesia Católica en la República y en la dictadura franquista. Hoy el ex juez procesado por prevaricación 3 veces, vuelve a la carga con sus complejos y su sectarismo atroz.
Precisamente mis dos últimas lecturas han sido sobre obras escritas en los años 40 y 50.
Una de ellas es una autobiografía del poeta gaditano Rafael Alberti. Narra su existencia vital en el Puerto de Santa María, su paso por el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga, su vocación pictórica a su llegada a Madrid, su transformación en poeta llegando a ganar con su primera obra (Marinero en Tierra) el Premio Nacional de Literatura, otorgado entre otros por Antonio Machado. Como curiosidad narra que llegó a vestirse de luces impulsado por aquel torero intelectual llamado Sanchez Mejías (Aire de Roma andaluza, le doraba la cabeza).
Lástima que la biografía de Alberti, titulada La Arboleda Perdida, termine en 1931, cuando se proclama la II República y comienza el declive de Alberti como poeta y su apogeo como militante comunista, como miliciano y reconocido chequista junto a su esposa, María Teresa León.
En 1931, sin embargo, empieza la trama de una novela histórica escrita por un señor de derechas llamado Agustín de Foxá, titulada Madrid, de Corte a checa.
Es una cruel novela dividida en tres capítulos, en el primero se narran los últimos días de Alfonso XIII en Madrid, la vida de los aristócratas y pequeña burguesía española y el ambiente político que se respira en cafés y universidad, donde pululan Valle Inclán, Machado, De La Serna…
En el segundo capítulo se proclama la República y se narran los primeros años de la misma, como la aristocracia ve con recelo el nuevo régimen, como se forma Falange Española con Jose Antonio a la cabeza, como grises leguleyos y administrativos fracasados van tomando parte en los resortes de la República ahora idolatrada por nuestra izquierda como un gobierno de intelectuales y gente con preparación impecable.
Comienzan a arder los primeros conventos, los jesuitas salvan lo que pueden de sus iglesias, escuelas y fundaciones y en 1934 comienzan las revueltas mineras y Companys proclama la independencia de Cataluña.
El último capítulo de la obra de Foxá habla de cómo se vivió la guerra en Madrid, de las sacas de presos, de los fusilamientos en el Retiro, Paracuellos y Ventas, de la persecución y muerte de falangistas, burgueses y antiguos nobles y del robo sistemático de cuanto objeto de valor pudiera haber en Madrid.
Se entregan las armas al pueblo salvaje y los únicos sitios seguros de la capital de España son las embajadas extranjeras.
Los asesinatos se cuentan a cientos y los tribunales populares, formados por electricistas, por menores de edad o por analfabetos condenan a muerte a cualquier persona que lleve un crucifijo, que tenga una foto del Rey en casa o una bandera rojigualda, una pistola de pedernal o haya sido denunciado por la criada o por el portero de su edificio como posible faccioso.
Por Madrid campan a sus anchas La Pasionaria y un jovencísimo Carrillo, responsable directo de la matanza de más de 5000 personas, mujeres y niños incluidos, sospechosos de ser católicos, ir a misa o haber votado a la CEDA de Gil Robles.
La República Española y sus milicianos no luchaban por la libertad y por la democracia, sino por una nueva Rusia en Madrid, por una dictadura proletaria y criminal que acabase con las raíces cristianas y romanas de España.
Miles de religiosos fueron ejecutados, forzados a blasfemar o torturados hasta la muerte.
Alberti, el gran poeta, se encargaba directamente de la checa de Bellas Artes, llegando a electrificar una cabina telefónica para torturar a los detenidos.
Supongo que un juez estrella, un tipo culto y letrado como Garzón sabrá todas estas historias, sabrá de lo que habla cuando acusa a la Iglesia de ser cómplice de las torturas franquistas.
Debe saber el defensor de la Justicia, el vengador de la República que quería juzgar a Franco, ya cadáver, el mismo juez que se negó a juzgar a Carrillo, éste aún vivo, por los crímenes de Paracuellos, que los mártires de la Iglesia en la Guerra Civil fueron incontables, que se violó a monjas, se desenterraron sus cadáveres para burlarse de ellos, se expoliaron iglesias y se quemaron reliquias centenarias, edificios históricos e incluso se convirtieron algunos templos en cuadras y almacenes.
Yo que Garzón, sabiendo todo esto, porque sin duda lo sabe, dejaba a los muertos en paz, tanto a los de un bando como a los de otro, miraba al frente y pensaba en devolver el dinero que extorsionó a Manuel Pizarro, a Botín, al del CEPSA, BBVA, etc.
Quizás por ello es Garzón un nostálgico del Madrid republicano, en aquel tiempo podría haber saqueado a los ricos tanto como hubiera querido en nombre la libertad, de la Justicia y de la Izquierda que tan bien representa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

señor Viriato, te escribo para poner en tu conocimiento que hay una persona que coge todos los textos que tu escribes en tu blog y luego los pega en el suyo, creo que a eso se le llama plagio,te lo digo porque puede que te interese saberlo, el personaje en cuestion se hace llamar luegotedigo y su blog se llama YO Y LOS BRILLANTES, te lo digo por si puedes tomar acciones legales contra el.