La empresa en la que trabajo, dispone de delegaciones en varias ciudades españolas, cuatro de estas oficinas se sitúan en ciudades bilingües como son Barcelona, La Coruña, Valencia y Bilbao.
De momento no he tenido problema alguno de comunicación con los empleados que cogen el teléfono cuando se les llama para cualquier tema profesional. Todos ellos hablan perfectamente el español y es en este idioma en el que nos comunicamos.
Ayer, en el Senado, el presidente de la Generalidad de Cataluña, Pepe Montilla, un señor de Córdoba afincado en Barcelona como tantos y tantos charnegos andaluces que migraron a Cataluña buscando un porvenir y un trabajo que en su tierra de origen no encontraban, dio un espectáculo lamentable, una vergonzante actuación.
Podríamos llegar al fondo del asunto, que no era otra cosa que el chantaje al resto de la Nación para que acepte de una vez por todas la legitimidad del Estatut, una Constitución a la soviética que convierte a España en una colonia económica de Cataluña y a los ciudadanos catalanes en esbirros y esclavos de una clase política ávida de dinero y de poder.
Podríamos llegar al fondo, como decía, pero nos quedaremos en la forma: Montilla farfulló en catalán la mayoría del tiempo que duró su discurso, pero también se atrevió a utilizar el gallego y el euskera para deleite y orgasmo del resto de nacionalistas separatistas que por el Senado estaban ayer tarde.

Montilla, según dicen, no sabe hablar catalán correctamente, cosa nada extraña si se le escucha expresarse en español, pero su capricho nacionalista, su estupidez supina, le llevó al extremo de utilizar hasta 9 traductores profesionales para que el resto de señorías se enterasen del chantaje que venía a proponer. Todo ello por un módico precio de unos 7000 euros, que mejor estarían en las arcas públicas para pagar pensiones, asistencia a personas dependientes, farolas rotas o vendas para los hospitales.
El esperpento de Valle-Inclán era una técnica literaria que deformaba la realidad hasta límites insospechados para caricaturizar a los personajes de la sociedad española del siglo XX. Si el genio gallego hubiera vivido lo suficiente para escuchar ayer a Montilla, habría desechado el esperpento por quedarse corto en su deformidad.
Decenas de señores sentados en un hemiciclo, todos ellos nacidos
en España, con los pinganillos puestos en la oreja por culpa de un bobo nacionalista al que no le da la gana hacerse entender en castellano.
en España, con los pinganillos puestos en la oreja por culpa de un bobo nacionalista al que no le da la gana hacerse entender en castellano.
Todo ello mientras España se desangra en una crisis económica e institucional sin precedentes, todo ello con 5 millones de parados, todo ello con las cuentas públicas en bancarrota.
Y es que las lenguas no tienen la culpa de nada, la culpa la tienen los siniestros personajes que las ponen al servicio del mal, al servicio de sus intereses más espurios. Uno de esos personajes se llama Pepe Montilla y su afán es pervertir y prostituir el catalán hasta límites insospechados.
Ayer pidió respeto por las lenguas cooficiales, obviando que en la región de España que él regenta, se impide a los niños estudiar en español, se multa a aquell
os comercios que no rotulan en catalán, se obliga a los cines a traducir las películas al catalán aunque esto sea su ruina, se malgasta el dinero en nombre del catalán abriendo embajadas de Cataluña por todo el mundo y colocando después a familiares y enchufados políticos, etc, etc.
os comercios que no rotulan en catalán, se obliga a los cines a traducir las películas al catalán aunque esto sea su ruina, se malgasta el dinero en nombre del catalán abriendo embajadas de Cataluña por todo el mundo y colocando después a familiares y enchufados políticos, etc, etc.
Ayer fue un día triste para la democracia española y para el ciudadano de a pie.
Ese ciudadano al que le suben los impuestos, el IVA, al que le niegan ayudas y se le recorta el sueldo en nombre de la solidaridad con su país, con sus instituciones, en nombre de Montilla, de sus caprichos, de su coche oficial, de sus dietas y de sus traductores.













