lunes, 19 de marzo de 2012

Conferencia sobre Movilidad Sostenible a alumnos de la UCM


Buenos días a todos.
Cuando la señora Del Pozo me avisó la semana pasada de que tenía que intervenir en estas jornadas, confieso que no sabía exactamente qué podía aportar yo como Concejal de Transportes del Ayuntamiento de Aranjuez.
Creo que los proyectos de mi delegación que han despertado el interés entre ustedes han sido dos: Aranbike y Arandando.
De ellos haré una breve intervención para no cansar al respetable.
Y la haré desde la más absoluta sinceridad y desde la óptica personalista que me caracteriza.
Cuando en Junio del 2011 tuve la suerte de convertirme en un servidor público, poco sabía de movilidad sostenible y de sus beneficios para los ciudadanos de una ciudad como la de Aranjuez.
Debo confesar que al principio tuve reticencias con respecto a los proyectos que hoy me toca defender.
Y es que mantener en tiempos de crisis un sistema público de préstamo de bicicletas como Aranbike y sufragar los gastos de un pedibús escolar llamado Arandando, no es un tema baladí.
Como liberal convencido, pienso que la administración debe estar reducida a su mínima expresión y que los ayuntamientos hayan ido asumiendo más y más competencias con el paso del tiempo es a mi entender un grave error. De hecho estamos pagando las consecuencias. Nuestro Ayuntamiento, como la práctica totalidad de los consistorios españoles, arrastra una deuda pavorosa e incluso obscena.
¿Por qué entonces apostar fuertemente por unos programas minimalistas que no pueden ser catalogados como servicios básicos para el ciudadano?
 Para que el ciudadano tenga la capacidad de elegir, la libertad de decidir como moverse por la ciudad. Ni más ni menos.
Pienso que las ciudades se han ido adaptando paulatinamente a la utilización del vehículo privado:
 Avenidas de cuatro carriles, vías rápidas, circunvalaciones que parten los núcleos urbanos por la mitad, glorietas, semáforos, carriles bicis marginales…
¿Por qué el peatón ha quedado relegado a un segundo plano? ¿Por qué nos molesta tanto cuando vamos en coche encontrarnos a un ciclista y no poder adelantarle?
Esta situación es mucho más sangrante en una población como Aranjuez, diseñada por los mejores arquitectos de la época, con un centro urbano cuadriculado y de calles rectas sin contemplaciones.
Todo se estropeó, obviamente, con la especulación sufrida durante los años 70 y 80. De aquella época nació el barrio del Nuevo Aranjuez, un barrio donde el ordenamiento urbano brilló por su ausencia y se acabó de un plumazo con las líneas rectas y las calles anchas y arboladas.
No quiero seguir divagando y me voy a centrar en de una vez en el proyecto Arandando.
¿Cómo podía yo ver con buenos ojos el contratar a unos monitores uniformados para guiar a los niños a la escuela?
Yo… que había ido toda mi niñez caminando al colegio con mi hermano o mis padres sin necesidad de seguir una ruta establecida y sin tener que atenerme a la disciplina de un señor ataviado con un peto reflectante.
Y sin embargo… las ciudades han cambiado tanto y tan deprisa a peor, que proyectos como Arandando son más necesarios que nunca en ellas.
Son ya 4 centros escolares los que se han adscrito con un éxito espectacular de público a esta iniciativa.
Cuando al comienzo del curso escolar se elige un colegio como destinatario del programa, se envía a los padres una carta para que se interesen por el mismo.
Una vez recopiladas las direcciones de las familias interesadas, se marcan los domicilios sobre un mapa para trazar la ruta que más niños puede recoger a su paso el pedibús y el resto es puro trámite.
Después se trata de señalizar las rutas escolares convenientemente con señalítica vertical y horizontal para reforzar aún más la seguridad infantil y por último se forma a un equipo de monitores que serán los encargados de llevar a los niños al centro por las mañanas y de recoger a las criaturas a la salida del colegio al mediodía.
La señalización vertical de cada ruta, obviamente, cuesta un potosí como cualquier pequeña obra municipal.
Da que pensar, al menos para mí es un motivo de reflexión, que las ciudades se hayan degradado tanto y se hayan hecho tan simpáticas al tráfico rodado, que los niños no sepan ya ir solos al colegio, o visto de otro modo, que los padres no confíen en que sus hijos puedan llegar sanos y salvos a sus clases diarias.
Lo que antes era algo natural y automático, igual que jugar a la pelota en la calle, ahora es algo prohibido, o arriesgado cuando menos.
Da que pensar, que este proyecto, pionero por otra parte a nivel nacional, haya sido premiado por el Ministerio de Medio Ambiente por motivo de la Semana Europea de la Movilidad Sostenible 2011.
Es más, hace apenas unas semanas, fuimos invitados por la comisión europea a un simposio donde pudimos presentar en Bruselas el proyecto Arandando como uno de los más destacados en España.
De hecho, aquí a mi lado, está la persona que se desplazó hasta la capital de la unión, la señora Vaquero, mi joven técnico de Transportes, verdadera impulsora y artífice de que en Aranjuez, la movilidad sostenible esté dando mucho que hablar. En un rato podrán dirigirle las preguntas que quieran.
¿Qué objetivos se consiguen gracias al programa Arandando?
Creo que son objetivos muy sencillos a la par que importantes:
Facilitar la autonomía infantil, que los niños asimilen que es más divertido y rápido caminar junto a otros compañeros para ir al colegio que moverse en el coche de sus padres y sufrir atascos y por supuesto que hagan ejercicio y aparquen por una hora al día la videoconsola y el televisor.
 Creo fehacientemente que desde los Ayuntamientos tenemos el deber de poner a disposición de los ciudadanos este tipo de alternativas saludables para que no siempre el coche gane la batalla en nuestras calles.
Por eso decía hace unos minutos que el ciudadano siempre tiene que tener la posibilidad de elegir con libertad y esto se hace imposible si la ciudad se amolda única y exclusivamente al uso del automóvil.