viernes, 12 de junio de 2015

Mañana Sale

¿Y si la Copla no estuviera pasada de moda?
¿Y si nos hablara de historias corrientes y de gente de este siglo?

Aquí os dejo el comienzo de uno de mis próximos libros de relatos que he resucitado de un cajón perdido.

Mi modesto tributo a la Dama de la Copla, Concha Piquer, que nos dejó hace ya casi 25 años.



MAÑANA SALE

Aquel día de Diciembre había amanecido nublado sobre Madrid. El color gris del cielo contagiaba su tristeza a los habitantes de la capital.

Las calles aparecían repletas de gente, peatones con movimiento autómata como el de los coches que obedecían maquinalmente las órdenes silenciosas de los semáforos.

Las fiestas de Navidad se acercaban sin remedio, aunque en el sentir popular aún no había calado ese sentimiento de agobio y de prisa galopante que insuflan los días 24, 31 o la festividad de los Reyes Magos.


El calendario marcaba el quince del último mes del año y el reloj las once de la mañana. Los operarios municipales se afanaban en rematar la tarea de alumbrar con lucecillas multicolores y adornos navideños las calles más emblemáticas y céntricas de la capital de España. Los ancianos poco a poco se desplazaban en peregrinaje a las obras del nuevo intercambiador de la Puerta del Sol, mientras cientos de mujeres con sus carritos de bebé paseaban a sus pequeños de escaparate en escaparate viendo ropa o zapatos que en la mayoría de los casos no se podían permitir.

Las loteras de la calle de Alcalá y del mismo Sol ya pregonaban, arropadas en sus mantoncillos o abrigos gruesos, sus números detrás de un mosaico de boletos colgados de una tablilla.

Ramiro de Monforte había llegado de Ámsterdam hacía apenas una hora. Como cada año se había desplazado a Madrid para celebrar las fiestas navideñas junto a sus padres y demás familiares.
Pensaba que cada vez le gustaba menos Madrid mientras se asomaba por la ventanilla del coche de su primo Arturo.

Había tenido suerte en su niñez cuando sus progenitores habían decidido que estudiase en el extranjero. Su adolescencia convulsa la había pasado a caballo entre París y Bruselas, volviendo solamente a España en verano, para dorarse al Sol en las playas de Marbella junto a la tita Aurelia y sus bellas hijas.

Ramiro no era lo que se dice un patriota, su país no le despertaba demasiadas simpatías, más de una vez se había avergonzado de ser español, aunque en Europa los nacidos en la Península no tenían mala fama, por lo que no le había costado trabar amistad con gente selecta de todos los puntos del Viejo Continente, jóvenes alocados y decididos como el propio Ramiro, con los que había vivido decenas de juergas nocturnas que se podrían calificar de salvajes, acabando más de una en escándalo sonado, que más que avergonzarle le hacían sentir orgulloso y divertido.


Sus padres estaban hartos de todo aquello, de que sus estudios no fueran como habían previsto, de que le hubiesen expulsado de varios colegios de postín, del dinero que gastaba sin medida año tras año...

3 comentarios:

Vega dijo...

Los relatos duermen eternidades hasta ser contados, pasando cribas continuas de autor, inacabados siempre a su juicio porque siempre hay un "tal vez"..... y en ocasiones tambien un "por qué?"
Los cajones perdidos esconden tesoros!!!

Vega dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vega dijo...
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