lunes, 7 de marzo de 2016

La ¿nueva? política española

Ayer el Congreso cerró la puerta a la investidura como presidente de Pedro Sánchez.

Al menos había que intentarlo. Era su papel recoger el guante que Rajoy había despreciado porque los números no le daban.

En este sentido, el señor Sánchez cumplió su cometido y tras su fracaso, la maquinaria democrática de esta legislatura atípica comenzó a rodar cuesta abajo y sin frenos hacia unas nuevas elecciones generales.

Es triste reconocerlo, pero España se ha fragmentado tanto, se ha debilitado en tal extremo el espíritu nacional y el concepto de interés general, que acudir de nuevo a las urnas no garantiza para nada un cambio de panorama político.

El único que ha cogido aire ha sido Pedro Sánchez, al que todos daban por muerto el 20 de Diciembre, pues ha sabido estar a la altura de un candidato a presidente. Otra cosa es lo que suceda ahora en el PSOE, que con los peores resultados de su historia, se tambalea y pueden caer en la tentación de afrontar una nueva cita electoral con una nueva cabeza visible. Parece que no hay dudas en las quinielas y que cualquier alternativa o cambio de cromos pasa por Susana Díaz.

A Susana Díaz y al PSOE en general no le pesan los casos de corrupción, nadie
habla de que la maquinaria de la Junta de Andalucía y de los sindicatos del sur han actuado durante largo tiempo como una máquina delictiva para quedarse con el dinero de los parados. El mayor caso de corrupción de la historia de España, el de los ERE, no existe ni es noticia.


Sin embargo, el PP de Mariano Rajoy recibe como un púgil noqueado día tras día golpes judiciales por casos de corrupción desde los propios medios televisivos y radiofónicos que el propio PP ha mantenido y beneficiado. La política mediática de la derecha ha sido un desastre desde siempre y nada presagia que vaya a cambiar.

El PP de Rajoy está acabado, muerto, huele a cadáver político porque su cúpula no representa a sus bases. Se repetirá sin duda lo que ocurrió en UCD y nos tocará tomar el relevo a nuevos políticos que saquen a la derecha de su ostracismo y de su deriva sin rumbo.

Este PP se ha dejado enjaular, encasillar por una izquierda que le zarandea y le cuelga el sambenito de partido podrido, de representante de la banca, de las oligarquías y un largo etcétera.

Y el PP no es eso, el PP es el primer partido de España y sus bases son lo mejor de la clase media española, de los emprendedores, de los que con sus impuestos y su trabajo diario mantienen el Estado de Bienestar y aman a su nación y sus raíces.

El PP de Rajoy, a la francesa, ha creado a Podemos para restar votos al socialismo y se le ha ido de las manos. Lo mismo que ocurre en el país vecino con el Frente Nacional de Le Pen.

Noche y día, desde las televisiones que han creado y reflotado los representantes de mi partido, los líderes de Podemos y sus palmeros mediáticos se dedican a vapulear a un PP cansado, memo y acomplejado, que lejos de defenderse y ensalzar los ideales de la derecha liberal, la que junto a la socialdemocracia clásica han protagonizado el avance europeo desde la caída del Muro de Berlín, se dejan dar por todos sitios y asisten impávidos a los ataques incesantes de un nuevo partido autoritario llamado Podemos.

Lógico que en Cataluña, y ahora en España, surgiera Ciudadanos. Cuando se deja de ocupar un espacio ideológico y de defender tus valores para hacerte perdonar la vida por los independentistas, otros toman la manija. No hace falta ser Arriola para entenderlo.

No nos engañemos, existen los partidos democráticos (aunque estén en horas bajas) y los partidos que se aprovechan de la democracia para instalarse en el poder y desde él instaurar su ideología autoritaria. La dictadura del proletariado de Marx y Engels.

Partidos como Batasuna, abiertamente pro-etarras, lejos de estar ilegalizados como pedía el Tribunal Supremo, siguen en las instituciones desde que Zapatero comenzó el cacareado proceso de paz. Y Rajoy lo continuó sin demudar el gesto.
Otegui era un hombre de paz, ahora sin rubor el líder de Podemos habla de él como preso político. "Nadie debería estar en la cárcel por sus ideas"- dice. Obviando que Otegui estaba condenado por terrorismo. El Gordo le llamaban en ETA.

La irrupción de Podemos en la Cámara Baja declarándose sin tapujos pro-Otegui, o poniendo encima de la mesa como condición para pactar un Gobierno el resquebrajamiento de España y un referéndum independentista, es una mala noticia para los demócratas.

¿Se imagina alguien en Inglaterra a un líder político hablar con cariño del IRA? ¿En Alemania de los nazis? La intención de voto de ese líder en esos países caería en picado y sin embargo, en España, justificamos cualquier cosa que Iglesias, Errejón, Monedero o Carmena hagan o inventen.

Son los representantes de la nueva España, los nuevos payasos de la tele asaltando el Congreso con sus rastas, sus besos en los morros y sus bebés mamando en el escaño para conseguir la foto fácil.

Son lo "Hombres, Mujeres y viceversa" de la política, los "Sálvame Deluxe" de la palabra, los "Folloneros" de herriko-taberna discípulos de la España más sectaria nacidos de la subvención y de la molicie de ninis universitarios.


Autoerigidos como representantes del cambio nos hablan del futuro, sobre todo de ese futuro de 1936, de la Guerra Civil, de Franco y de los GAL, pero se rasgan las vestiduras cuando alguien les recuerda que están financiados por dictaduras como la de Irán (donde Pablo no podría dar un beso a otro hombre sin que le fustigasen) y por Venezuela (allí sí que hay presos políticos) y que el odio entre españoles debería estar desterrado de la vida política desde la Transición española gracias a políticos de otra talla muy superior a la suya...